Desde mi Oasis en la Feria del Libro de Ovalle — Manuel Ibáñez

Un niño que trabajaba desde los 9 años, un hombre que aprendió a leer a los 18 y una promesa que tardó décadas en cumplirse. Así nació «Desde mi Oasis», el libro que Manuel Ibáñez presentó ante un público emocionado en la 38° Feria Internacional del Libro de Ovalle.


El domingo 16 de febrero de 2025, en el marco de la 38° Feria Internacional del Libro de Ovalle, el escritor y apicultor Manuel Ibáñez presentó su libro autobiográfico Desde mi Oasis, publicado por Editorial Sal del Mundo. La presentación, moderada por el editor José Carrillo Reynoso, se convirtió en uno de los momentos más emotivos de la feria, con un público que pasó del silencio conmovido a los aplausos espontáneos en más de una ocasión.

Manuel Ibáñez y José Carrillo en la presentación de Desde mi Oasis en la 38° Feria Internacional del Libro de Ovalle, febrero 2025

Un pacto entre un hombre y el niño que fue

La historia detrás de Desde mi Oasis no comienza en un escritorio ni en un taller literario. Comienza en una conversación silenciosa que Manuel Ibáñez tuvo consigo mismo a los 18 años, cuando decidió sentarse a conversar con el niño que había sido.

«Hay un niño que es el protagonista principal de esta obra. Es un niño que se la sufre, que pasa muchas tribulaciones y lo hace sufrir el rigor del trabajo», explicó Manuel ante el público de Ovalle. «Yo me siento a conversar con este niño y llegamos a un acuerdo. Yo le prometo que algún día escribiré un libro para denunciar lo injusto, para admirar su gallardía, su valentía, su tenacidad, su perseverancia.»

Ese pacto tenía un obstáculo enorme: Manuel no sabía leer ni escribir. Recién a los 18 años comenzó a conocer el mundo de las letras. Y sin embargo, la promesa permaneció viva durante décadas, hasta materializarse en el libro que hoy llega a los lectores.

El niño vendedor de Antuco

Durante la presentación, el editor José Carrillo leyó en voz alta uno de los capítulos del libro, transportando a los asistentes al pueblo de Antuco, donde un niño de 9 años recorría las calles vendiendo puerta a puerta harina tostada, mote fresco de trigo, cerezas y miel.

«Mientras otros niños disfrutaban de juegos y descanso, yo salía cada día con mi canasta (…) Dentro de mí aún vivía un niño que deseaba jugar, correr y reír sin preocupaciones.»

El capítulo narra el encuentro de ese niño con una pareja de turistas que, al verlo, le compraron productos pagando mucho más de lo que valían, le ofrecieron comida y le entregaron algo que Manuel no ha olvidado en toda su vida: un gesto de compasión genuina.

«Aquel pan tenía algo más: tenía compasión, respeto y un gesto silencioso que me hizo sentir importante, como si por un momento alguien viera al niño detrás del vendedor.»

Un libro que no se queda en la página

Si hay algo que distinguió esta presentación fue la insistencia de Manuel en que su libro no es solo para ser leído, sino para ser vivido. Con una convicción que contagió a toda la sala, lanzó un llamado directo al público:

«No nos quedemos en la lectura. Llevemos a la práctica. Tómense cada capítulo de este libro como una invitación y pongámonos a trabajar. ¿En qué sentido? Demos el pan, y ojalá el mejor pan que tengamos. Demos una manito, demos el apoyo, preocupémonos del abuelito, preocupémonos del niño.»

Y agregó, con una firmeza que resonó en el silencio de la sala:

«Decídanse, porque a pesar de lo convulsionado que está el mundo, aún hay esperanza, pero depende de cada uno de nosotros que le pongamos el hombro.»

¿Por qué «Desde mi Oasis»?

El título del libro tiene un doble significado que Manuel se encargó de explicar con detalle.

Por un lado, existe un oasis real. Con sus propias manos, las de su mujer y el apoyo de personas que le fueron acercando semillas, Manuel construyó un vergel donde antes no había nada. «Se hizo un oasis material donde no había nada, donde no andaba ni siquiera una hormiga. Hoy día hay nidos, hay canto de ave, hay loros tricahue, hay conejos, hay chincoles, hay diucas, hay tencas, hay loicas…», enumeró con orgullo.

Los loros tricahue —especie en peligro de extinción— lo visitan cada mañana antes de las 7, y él les deja agua fresca en su bebedero. «Son parte de nuestro compañerismo en la diversidad», dijo con una sonrisa.

Pero hay otro oasis, y es el que Manuel quiere que cada lector descubra:

«La otra parte está aquí, está en ustedes. Ustedes cada uno tienen un oasis. Cada uno lleva a cuestas un oasis y depende de ustedes que este oasis se vea verde o se vea árido, se vea lleno de frondosidad vegetal o se vea caduco, es decir, sin hojas.»

Y remató con una declaración de principios que define no solo el libro, sino su forma de estar en el mundo: «La elección es mía. Hoy día lo voy a pasar bien y voy a vivir a concho esta experiencia como el último día. No que me vaya a morir, sino simplemente como el último día: lo voy a vivir intensamente.»

Del mejor estudiante a una beca que cambió todo

La presentación también reveló pasajes poco conocidos de la vida de Manuel. Tras terminar la enseñanza básica, viajó a Santiago, donde estudió con una pasión desbordante. «Allí me encontré con laboratorios, con campos de experimentación, con profesores que sabían muchísimo. Para mí eran verdaderos dioses», recordó.

Fue distinguido como el mejor estudiante de su promoción y becado para continuar sus estudios en Alemania. Pero por razones ajenas a su voluntad, no pudo viajar. Un compañero fue en su lugar.

«Ese compañero falleció allá en un accidente. Yo estoy aquí con ustedes.»

Un silencio profundo se apoderó de la sala. Manuel lo llenó con una reflexión sobre la fe: «Tenemos que simplemente vivir con fe, ponerle fe todos los días. La fe es la convicción plena de lo que no vemos. Y no dejar que nadie estrelle nuestra fe. Nuestra fe es el patrimonio más noble y digno que puede existir.»

Parkinson: «Cuando me vean temblar es porque estoy vivo»

Quizás el momento más poderoso de la presentación llegó cuando José Carrillo le pidió a Manuel que hablara sobre su condición de Parkinson, «para darle tranquilidad a los que no lo conocen.»

La respuesta de Manuel fue inmediata y demoledora en su sencillez:

«No se preocupen. No les dé penita. No tengan penita. Cuando me vean temblar es porque estoy vivo. Cuando deje de temblar completamente, voy a estar fallecido. Mientras eso no pase y respire, yo estoy dignamente existiendo.»

El público respondió con un aplauso largo y sentido.

Manuel Jesús Ibáñez Inostroza durante su presentación en la Feria del Libro de Ovalle, compartiendo la historia detrás de Desde mi Oasis

Manuel reveló que al momento del diagnóstico, ya había pasado por más de 20 cirugías por tumores y otros problemas de salud. «Yo cerré los ojos y dije: ‘¿Qué más vendrá para mí?'», confesó. Pero su respuesta ante cada golpe ha sido siempre la misma: seguir adelante.

La oración entre las colmenas

El cierre de la presentación fue, quizás, la historia más extraordinaria de todas.

Manuel, que además de escritor es apicultor, contó que un día, mientras trabajaba revisando colmenas en Lambert —al norte de La Serena—, comenzó a sentir el temblor del Parkinson. En ese momento, durante su almuerzo entre las colmenas, hizo una oración:

«Dame fuerza, Señor, para llevar esta enfermedad. Y si tengo que llevarla de por vida, no me voy a quejar, no voy a reclamar, no me voy a sentir menoscabado, no me voy a sentir despreciado ni desamparado por ti. Démosle que se puede.»

Escribió esa oración en la entretapa de una de sus colmenas y siguió trabajando.

Pasó aproximadamente un año. Un día, agotado por el temblor y las molestias, Manuel no pudo más y pegó un grito de reclamo: «¡¿Hasta cuándo?!»

Entonces abrió la siguiente colmena. Y ahí estaba, escrita de su propio puño, la frase en la que prometía que nunca iba a reclamar.

«¿Se dan cuenta?», dijo Manuel mirando al público. «No estamos solos. No estamos solos. Seamos consecuentes.»

Manuel Ibáñez firmando ejemplares de Desde mi Oasis a lectores al término de la presentación en la Feria del Libro de Ovalle

Un libro que es mucho más que una autobiografía

Desde mi Oasis recorre la infancia, la superación, la relación con la naturaleza, la fe, el reencuentro con una familia en Argentina que lo creía fallecido, y la convivencia diaria con el Parkinson. Pero más que un relato de vida, es —como su propio autor insiste— una invitación.

Una invitación a tender la mano, a dar el mejor pan que tengamos, a cultivar nuestro oasis interior y a vivir cada día con la intensidad de quien sabe que estar vivo es, en sí mismo, un regalo.

Como escribió Manuel en la reflexión del capítulo que leyó en Ovalle:

«A veces en la vida basta un gesto, una mirada, una palabra justa para encender una luz en medio de la infancia más dura. (…) La compasión no tiene que ver con la lástima, sino con el respeto profundo por la historia del otro.»

Manuel Jesús Ibáñez Inostroza junto a José Carrillo Reynoso, editor de Sal del Mundo, en la presentación de Desde mi Oasis en Ovalle

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Libro físico (envío a todo Chile): https://saldelmundo.cl/desde-mi-oasis/
Precio: $14.900 CLP

Libro digital (ePub) en múltiples librerías: books2read.com/u/mZ1VvR


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